La mosca del muerto.
En mis xuntanzas con coleguillas, hoy he tenido la oportunidad de compartir una sardiñada con un reducido grupo de policías nacionales con los que mantengo una buena relación desde hace años, aunque no hubiera compartido profesión con ellos. Cuestiones gastronómicas al margen nada desdeñables por otra parte, ya que la merienda se compuso de tomates y pimientos arrancados de la propia finca al momento, más una empanada de considerables dimensiones, procedente de un horno próximo, acompañada de unos chorizos frescos a la brasa, para finalizar con las sardinas típicas de esta época y todo ello regado con vino cosechado por el anfitrión, policía de profesión y viticultor de cuna y afición. Después de dar cuenta del grueso del menú y con la incorporación a la mesa de las sardinas, comenzaron a surgir las primeras anécdotas. Por contextualizar un poco y añadir información al asunto, cada policía, en este caso, tenía un cometido diferente, así estaban reunidos unos de investigación cr...