El peso del niño
Estoy en el Hospital-Materno acompañando a mi yerno que acaba de ser padre por primera vez, es decir, su señora esposa, a la sazón mi hija, ha alumbrado una niña por la que protocolaria y legalmente se le otorga el título oficial de padre al susodicho. Pero no es la compartida alegría del acontecimiento lo que me incita a escribir estas líneas, sino la generalmente asumida pero absurda descripción, objeto principal de los comentarios, que al uso se hace del neonato por parte de familiares y conocidos con motivo de las preceptivas visitas a la parturienta y -cómo no- al neonato. No más llegar los primeros allegados que nos encontramos en el pasillo, el comentario de mi yerno es: ha salido todo bien, es una niña -como sabíamos- y pesó 3,750 kilos; a continuación, la visitante entra en la habitación y le espeta mi madre, o sea, la bisabuela de la niña: mírala que rica, tiene los ojos de su tía Carmen, y pesó 3,750 kilos; su prima Luisa, había pesado 3,800; a lo que responde la ...