El Pazo de Meirás

 

 



De camino a Sada, pasaba hoy por delante del Pazo de Meirás y me imaginaba unos camiones de "Mudanzas Hércules" cargando muebles y objetos embalados a las puertas del Pazo, dicho sea de paso, de hierro fundido y traídas en su momento por Su Excelencia desde los madriles, en donde habían sido tiroteadas durante la Guerra Civil sin que las balas hubieran sido capaces de traspasarlas.






No sé, creo que todavía no está claro si los muebles se quedan, se van, o vendrán por la noche cuatro gitanos con sus furgonetas, lo cargan todo y terminan con la comedia, dejando apijotados a jueces, a las partes litigantes y a los vigilantes, si los hubiere, que los chachos son mucho de sortear todo tipo de vigilancias para conseguir sus objetivos.

Eso, si no se produce otro incendio -que ya hubo antecedentes- que acabe con todo (Dios quiera que no)

Esto de los vaivenes del Pazo de Meirás tiene su cachondeo, comenzando por su construcción ordenada por Doña Emilia Pardo Bazán, quien lo diseñó con unas dimensiones inversamente proporcionales al cuadrado de su estatura. Tampoco su posterior ocasional morador se distinguía por su altura, física e intelectual, pero esa mengua permitió a ambos, en sus diferentes épocas, transitar por sus estancias tranquilamente sin preocuparse de tropezar con sus testas contra los dinteles de las puertas o las lámparas, bien bonitas por cierto, de origen veneciano alguna de ellas.

Y hablando de golpearse contra las puertas con los cuernos, Doña Emilia estaba exonerada de tales tropiezos, ya que -según dichos maledicentes- quien probablemente adornase a la pareja en cuestión, en ese caso, sería ella. Por ello, tampoco me ha quedado muy claro que Franco hubiese consentido mantener el amplio hall repleto de cabezas astadas, trofeos de caza mayor todos ellos, ya que cualquier fotografía, por un desafortunado despiste con ellos superpuestos de fondo, podría ocasionar un descojono monumental si la cornamenta casualmente coincidiera sobre la cabeza del retratado, aunque probablemente hubiera sido la última fotografía tomada por el malogrado fotógrafo y la última edición del periódico que osase publicarla.






En cualquier caso, volviendo a Doña Emilia, semejante residencia sirvió de fuente de inspiración a nuestra insigne escritora quién, asomada a sus balconadas, entre capítulo y capítulo de "Los pazos de Ulloa" -le tiraba lo de los pazos a la señora- también dedicó parte de su tiempo a escribir unos recetarios de cocina, cual si de "Chef estrella" de la época se tratase. Tengo que decir que, de sus recetas, he tenido la ocasión de probar, entre otras, las "anguilas con conejo"; un agradable desafío solamente reservado a paladares educados. 




También, desde tan vistosa galería, anhelaba los furtivos y ardorosos encuentros con Pérez Galdós, Don Benito, en los que no hablaban precisamente de "Los episodios nacionales", según narran diversos biógrafos de la volcánica herculina.

Avanzando en el tiempo y hablando del posterior morador, en una visita que realicé al Pazo, el guía explicaba que El Generalísimo había hecho construir "O Paciño", una suerte de réplica de pazo a escala reducida, en sus mismos jardines para que su hija, y más adelante sus nietos, disfrutaran cual si de casa de muñecas se tratase. Tengo mis dudas si lo habría hecho a medida de su estatura para su propia utilización, en el hipotético caso de que su asturiana señora se calentase una noche y lo enviara a dormir al sofá; que en asuntos propiamente conyugales, la dictadora muy probablemente fuese ella.





Otra de las cosas que me llamó la atención fue la presencia de estatuas del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago, dentro de la capilla. No pega. Es como si ponemos a un hombre rana en el desierto del Sahara; cada cosa en su sitio. De hecho, hasta parecían incómodas en su ubicación; creo que si no se fueron de allí es porque son de piedra y les cuesta andar. En caso de traslado, tampoco le arriendo la ganancia a los esforzados empleados de la mudanza que tengan que cargarlos al hombro, pero merecería la pena devolverlas a su espacio natural en donde les están esperando sus colegas, hijos del Maestro Mateo quien otrora no las talló precisamente para adornar las estancias particulares de nadie.






En fin..., sin ánimo de polemizar sobre el tema y respetando -faltaría más- lo que la Justicia ya ha sentenciado, consideraría interesante que este conjunto mantuviese intacto su mobiliario, dado que contemplar en el futuro sus estancias más vacías que las aulas de un Seminario, o con cuatro muebles de IKEA mal colocados, no tendría el mismo interés que con su propio ajuar; interés que,sin duda irá creciendo con el paso del tiempo el cual va añadiendo valor a las cuestiones históricas, tanto más, cuánto más se respeten sus estados originales.

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