La casa de tócame Roque.

 España, o "La casa de tócame Roque".

 

Hoy, a la vista de las noticias de variados contenidos, se me ha dado por recordar el sainete del Siglo de Oro o, más recientemente, el teatral subgénero cómico "Astracán" cultivado por el brillante Pedro Muñoz Seca.
Con tal motivo, las torpes líneas que voy a escribir, las encajo en un esquema de obra de teatro cuya trama, con su habitual maestría, hubiera servido para un éxito más de nuestro reconocido autor teatral.

ACTO I

Se sube el telón y aparece un totum revolutum presidido por un poster del Sr. Presidente rodeado de ministras y vicepresidentas posando en plan portada del "Vogue". El pie de foto reza: "bendito tú eres, entre todas las mujeres".




En otro lugar del escenario dos "eruditos" discuten acerca de la presidenta de la Comunidad de Madrid; qué no sé yo que rara afición se asentó entre algunos periféricos para partirse el pecho de forma enfermiza por, según el caso, la presidenta o su oposición, estando mucho más pendientes de lo que ocurre en la comunidad de Madrid que en su propia comunidad de vecinos, o en su comunidad autónoma, poniendo de relieve el grado de polarización in crescendo instaurado en este país.




Al otro lado se intercambian vicepresidencias, carteras ministeriales y otros puestos relevantes como quien cambia cromos de Pokemon, mientras los ministros más acaudalados de ministerios desdoblados (para crear puestos de trabajo, no pensemos mal), defienden obsoletas tesis comunistoides sin ponerse colorados ni mover un músculo de la cara.





Al fondo del escenario juegan a "de oca a oca y tiro porque me toca" -hoy estoy aquí y mañana allí- gentes de algún partido que se parece más al Titanic que a cualquier otra cosa, del que se van tirando por la borda en busca de alguna balsa que les acoja y a bordo solamente queda la orquesta tocando, bastante desafinada, por cierto.




En un lateral, una gran pantalla tira de hemeroteca en la que se constata que "cuando dije digo, digo Diego" de forma lapidaria sobre unos y otros, que se ponen de perfil, si bien realmente no les importa mucho lo que digan o piensen acerca de sus pretéritas y antagónicas manifestaciones.

En esa especie de mercado persa irrumpen con fuerza repentinas mociones de censura, con nocturnidad y alevosía, en las que unos y otros se tiran, primero los platos y después los tejos, abriéndose un mercado de fichajes más propio del mundo del fútbol que del de la política, en la que ya es moneda corriente tener un vestidor con varias chaquetas para ir cambiándose según la temporada; la evolución lógica de un librepensador, como diría eufemísticamente alguno.




ACTO II






Preside la escena un plasma con un individuo, híbrido de Beatle y Fofito, que después de haber hecho una "tocata y fuga" en toda regla, está dando por saco y viviendo en un casoplón belga como un cura (antiguo), con cargo a la recaudación de mis impuestos, entre otros. Entretanto, en la sede geográfica natural del discutible caballero, una señorona, tipo NBA, trabaja y cobra por y del "estado opresor" del que tanto reniega y denosta en el Parlamento en sus intervenciones públicas, que bien pudieren parecer púbicas y que anda a la gresca con otro catalán que, para su desgracia y estigma, oh paradoja, se apellida Aragonés. Se cierra el acto cruzando el escenario una fila de reos entrando y saliendo de Lledoners, que así se llama el hotel en el que se alojan (y desalojan) los presidiarios de salón, según de donde sople el viento penitenciario ese día.






ACTO III

Entra en escena un señor de culo inquieto y ceño fruncido que se cansó de un cargo que le tocó en la tómbola y se dirige a un excomulgado por él mismo para que ahora se hagan amiguitos otra vez, le ceda a todos sus votantes y se aparte para ponerse él al frente del negocio. Para nota. Aunque no menos brillante estuvo la réplica de la anestesista representante del partido quien, valga el chiste fácil, lo anestesió espetándole que no habían estado trabajando todo este tiempo para que venga un "machirulo" como él a última hora a pintar la mona intentando devorar a uno de sus hijos.




En paralelo, el extesorero más famoso de todos los tiempos, tira de la manta en la Audiencia Nacional con M. Rajoy y J.M.Aznar emulando a San Pedro en sus famosas negaciones. Su antecesor en la presidencia del gobierno, arremete contra los cachorros de su partido a golpe de yate y Cohiba y el monarca emérito, no está ni se le espera.
En este interín, se echa de menos al Generalísimo, ya que retomar el tema de su exhumación venía sirviendo para distracción de rojos y azules cuando convenía desviar la atención del populacho. Estoy seguro de que se habrán arrepentido de hacerlo, ya que era un recurso manido, eficaz y económico. Ahora andamos a vueltas con referencias a una tímida "foto de Colón" que, bueno, para muchos "millenials" nuevos votantes podría colar ya que es probable que conozcan más al insigne navegante por la estatua y la foto que por el Descubrimiento.






ACTO IV

Un anónimo está leyendo el periódico en voz alta: Coronavirus. Según que cadena o periódico, sube o baja. También habla de cepas. Al vetusto lector, las únicas cepas que le suenan son las del coñac Tres Cepas, de cuando en España la comida, incluso la más austera, se prolongaba con su correspondiente café, copa y puro (o faria, para los proletarios).





Lee que hay que ir a la playa con mascarilla, porque así lo ordenan las últimas normas decretadas,mientras en la radio advierten de que, para tomar el sol, ya no es necesaria. Aunque esto de anunciar algo y rectificar a la media hora, ya está siendo moneda corriente; sino que se lo digan a los de Vueling que por la mañana cancelan no sé cuántos vuelos y por la tarde los recuperan y, más aún, los incrementan. Y volviendo al tema playero, va a ser divertido pasearse por una playa nudista, todo dios con mascarilla y gafas de sol, y cuando vayas acompañado por tu pareja, que pase alguien y te salude sin mirarte a la cara porque la llevas tapada. Ahí lo dejo.
Y en un rincón del escenario tenemos a un señor despeinado, con más pelos en las cejas que yo en el pecho, pontificando sobre la evolución de la pandemia con menos acierto que Rappel.




Temblando estoy por su última predicción sobre la "cuarta ola" a la que tilda de "olita"; vistos los antecedentes del predicador prepárense para un inminente tsunami. Porque tampoco podemos hacer mucho caso de los medios informativos, según qué canal pongas o tabloide leas, como se cita anteriormente, los casos suben o bajan a voluntad y albedrío de los correspondientes editores, en función, claro está, de donde les llueva "la pasta". 

Completa la escena un grupo formado por algún alcalde, militar de alto rango, obispos, altezas y personal de otras raleas, vacunándose a escondidas "by the face" aprovechando su status para intentar prolongar un poco más su desdichada vida y distraída moral.





La escena final representa un aterrizaje en Barajas con un montón de jóvenes franceses que vienen, básicamente, a mamarse vivos con la permisividad y anuencia de nuestras autoridades, mientras son contemplados por un resignado madrileño que no puede ir a su segunda residencia en la vecina Segovia porque la normativa, no se sabe muy bien redactada por quién, se lo impide.

Y como esto ya no tiene visos de arreglo posible, se baja el telón después de haber intentado hacer un retrato costumbrista de este país, cada vez más irreconocible y menos cañí.




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