Laxeiro y el Pazo de Fonteneixe

 



 
Cuando hoy se cumplen 25 años del fallecimiento del insigne pintor dezano José Otero Abeledo, de nombre artístico LAXEIRO, originario de Lalín y fallecido en Vigo, con una más que interesante trayectoria vital, me viene al recuerdo mi primera aproximación física a una pequeña parte de su obra, rodeada de cierto punto anecdótico
.
Nos situamos en la comarca del Barbanza, a principios de los años 90. Allí, por la estrecha relación que yo mantenía con la Notaría de Puebla del Caramiñal, me invitan a acompañarles en una visita al Pazo de Fonteneixe, que toma el nombre de la galleguización de un término galo -según me han contado- pero la toponimia la vamos a dejar para otro día.




El Pazo de Fonteneixe es un importante conjunto arquitectónico, originario de los siglos XVI y XVII que se levanta en el mismo centro urbano de Boiro  -siendo tan importante y cuidado como desconocido para los foráneos- tal vez por su recoleta ubicación y su propiedad a manos de particulares, si bien estos en alguna ocasión  han abierto generosamente sus instalaciones para mostrarlas al público.

Pues bien, el objeto de la visita, hace ya casi 30 años, no era otro que mantener unas conversaciones para, por parte del Notario, proceder a autenticar las obras originales de LAXEIRO que atesoraban las dependencias del Pazo y así diferenciarlas de posibles copias o falsificaciones que se pudieran llegar a producir y de este modo, preservar al alimón su autoría y propiedad.

Sobre las cinco o seis de la tarde, a la hora acordada, nos presentamos en el Pazo, con amplio recorrido para el coche desde la verja de entrada entre viñedos hasta su fachada principal, en la que nos esperaba nuestro anfitrión y propietario del mismo, Salvador Alcalde.

Tras un breve recorrido por los exteriores, de más que considerable extensión,  cuidados con el mismo mimo que se le dedica a un pequeño jardín, también pudimos contemplar el palomar, la capilla y demás elementos de la propiedad, para a continuación acceder al interior del Pazo y descubrir su importante y desconocida pinacoteca. 




Me sorprendió que, aparte del protagonismo de LAXEIRO en sus salas, también compartían paredes obras de coetáneos pintores gallegos de la diáspora, Luis Seoane, entre otros.

Después de admirar tan importante museo particular, rematamos la jornada comentando diversos aspectos sentados en torno a una mesa con unas botellas de albariño de cosecha propia del anfitrión, de las que guardo imborrable recuerdo por su excelencia y singularidad.

De este modo, de forma un tanto casual, he podido conocer y admirar de cerca, parte de la obra de LAXEIRO, visitar un pazo tan espectacular como poco conocido y disfrutar de un albariño que, por no ser comercializado, solamente está al alcance de unos pocos afortunados y, por supuesto, haber comprobado que los notarios, aparte de firmar testamentos e hipotecas, también dan fe de otro tipo de cuestiones más alejadas del mundano devenir diario.

He de finalizar este recuerdo mencionando sobre todo lo anterior, la afabilidad y amena conversación de Salvador Alcalde, con el que tuve, en aquella ocasión, el placer de compartir una tarde inolvidable.



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