Las modernidades y yo.
Nos lo avanzaba Bob Dylan allá por los 60 con su icónico tema "The times they are a-changin' ", como también lo afirmaba Mercedes Sosa popularizando la composición de Julio Numhauser "Todo cambia"; muchos años después, las cosas no han dejado de cambiar, para seguir cambiando.
De alguna manera es bien notorio que las cosas evolucionan y se hace necesario cambiar, si bien hay un pequeño matiz y es que los cambios deberían de encaminarse a mejorar lo anterior, no a complicarlo o empeorarlo.
Decía mi señora madre hace no muchos años, cuando sufría las innovaciones tecnológicas que comenzaban a cambiar el mundo hasta entonces conocido, que "este mundo ya no es para mí"; pues bien, pasados unos años, hago mía la frase y me enroco en una condición inmovilista para intentar evitar, en la medida de lo posible, que me atrape este rodillo que parece no tener fin ni más objeto que alinearnos y etiquetarnos a todos, nos guste o no.
Y viene esta filípica a cuento de que, por mor de la pandemia que estamos padeciendo, me he pasado un buen tiempo alejado de la ciudad y porqué no decirlo, de sus virtudes y defectos.
Ahora, en mi "regreso a la civilización" me encuentro con una serie de cambios que se me antojan llamativos.
Encabeza el ranking de "novedades" el tema circulatorio: calzadas pintadas con nuevas limitaciones de velocidad, carriles para buses, bicis, patines, peatones y curiosamente, también han dejado algo para coches; eso sí, con una serie de señalizaciones horizontales y verticales que no consigues ver al paso la primera vez, so pena de esnafrarte contra el coche que llevas delante a causa de la distracción que te provoca su observación e interpretación, máxime si, como yo, no eres muy espabilado.
Como idea está fenomenal, si bien en este tipo de conceptos suele fallar la implementación y me explico: con tanta coexistencia y confluencia de carriles, aceras, andenes y demás, he estado a punto de ser arrollado por un carajo de un patín de esos, mientras estaba mirando para donde nadie me mandaba; o sea, que ahora tienes que ir completamente atento a la jugada y no se te vaya a ocurrir girar la cabeza al paso de algo que demande tu interés ya que podrías acabar en el suelo y con alguna que otra contusión, en el mejor de los casos.
Y por continuar con el tema de los carriles, después ya como conductor, tuve que recorrer una parte del paseo marítimo en el que, como novedad para mí, ahora está sembrado por aceras, carril bici-patín, carril peatón y un carril para coches, bolardos y conos; hasta ahí todo correcto -o posiblemente no- pero mi cabreo viene cuando llevo delante de mi coche a un ataviado ciclista tocando las pelotas por la vía de los coches y con su carril-bici al lado expedito y habilitado ex profeso para que circulen él y sus reales sentados sobre el sillín de su bicicleta.
Me encantaría estudiar el cerebro del ciclista en cuestión para ver qué es lo que hay ahí dentro y contar con algún neurólogo o psiquiatra capaz de explicármelo de forma que yo pueda entender esa diferencia cognitiva del tipo este con las personas normales.
Otro detalle con el que me he topado ha sido un pequeño cambio en algunos cajeros de pago y salidas de los parkings. En un intento de mejorarlo, lo han empeorado. Concretamente en un concurrido centro comercial, hay que tener estudios para conseguir pagar antes de salir, enfrentándote a las "nuevas funcionalidades" del cajero que provoca unas colas tan increíbles como la solidaridad de los que están allí -que ya han pasado anteriormente por la misma situación- colaborando con los que nos enfrentamos por primera vez al nuevo bicho, cual quijotes ante molinos de viento.
También tuve una incidencia en la salida de otro parking de pago que habitualmente frecuentaba, del que siempre había conseguido salir "a la primera" sin más historia que meter la tarjeta y subirse la barrera (como toda la vida de Dios) y en cambio ahora, por lo visto, el moderno aparato tiene, además, que leerte la matrícula, cuestión que en mi caso no conseguía capturar el mamotreto del invento, de tal modo que no tuve más remedio que llamar por el telefonillo para que me solucionasen el asunto y, de paso, aplacar el incomodo que se empezaba a generar en la cola que se estaba formando "por causas ajenas a mí voluntad" provocadas por no sé qué tipo de adelanto tecnológico para mejorar no sé qué.
Cambiando de tema pero no de cabreo, todo esto ocurría cuando me dirigía a canjear un vale en una agencia de viajes. En mi ignorancia, pretendía que me facilitaran una lista de hoteles en los que pudiera gastarme el importe del vale en lo que me diera la real gana; pues no, resulta que tengo que escoger un "paquete". A mí, por razones de edad, eso del "paquete" me suena a otra cosa y me lo pusieron a huevo, pero tampoco era cuestión de ponerse grosero. El caso es que si tú quieres pasar del desayuno, ponerte morado a Moet Chandon en la piscina o en tu habitación y comer o dormir si te viene en gana, gastándote la pasta que te ha tocado en el hotel que te indiquen, no puedes; tienes que ajustarte a "el paquete".
Probablemente esté equivocado, pero todo esto lo encuentro encaminado a la tendencia de andar por el mundo como borregos, comiendo y bebiendo lo que quieran, cuando quieran y donde quieran y dejándote llevar a donde les plazca. Este tipo de disfrute de la vida podrá tener muchos adeptos y devotos pero yo estas rigideces ya las sufrí en mi juventud en "la mili" de forma obligada y ahora, voluntariamente por ahí no me pillan, de tal modo que el vale lo voy a enrollar y prenderle fuego a un puro con él delante de la agencia de viajes que aunque a ellos les va a importar un huevo, yo me voy a quedar muy a gusto.
Y ya de regreso a casa al mediodía en esta ajetreada mañana, enciendo la tele y para redondear las modernidades de las que estamos hablando, sale un anuncio del BBVA en el que te ofrecen abrir una cuenta sin comisiones "por la cara", o sea, literalmente por la cara, desde tu smartphone. Yo de estas cosas tecnológicas y biométricas no entiendo mucho, pero estoy por enviarles una foto de Amancio Ortega con mi número de DNI a ver si cuela y me ponen como cliente "VIP" que, si a lo mejor no tiene nada bueno, al menos suena bien y vas molando por ahí comentando a tus amistades tu nivel de poderío económico y presumiendo de tener un "asesor financiero".
Decididamente, tendré que frecuentar más la ciudad, so pena de que, de no hacerlo, cualquier día me llegue a perder por allí.








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