La mosca del muerto.
En mis xuntanzas con coleguillas, hoy he tenido la oportunidad de compartir una sardiñada con un reducido grupo de policías nacionales con los que mantengo una buena relación desde hace años, aunque no hubiera compartido profesión con ellos. Cuestiones gastronómicas al margen nada desdeñables por otra parte, ya que la merienda se compuso de tomates y pimientos arrancados de la propia finca al momento, más una empanada de considerables dimensiones, procedente de un horno próximo, acompañada de unos chorizos frescos a la brasa, para finalizar con las sardinas típicas de esta época y todo ello regado con vino cosechado por el anfitrión, policía de profesión y viticultor de cuna y afición.
Después de dar cuenta del grueso del menú y con la incorporación a la mesa de las sardinas, comenzaron a surgir las primeras anécdotas. Por contextualizar un poco y añadir información al asunto, cada policía, en este caso, tenía un cometido diferente, así estaban reunidos unos de investigación criminal, otros de antidisturbios, otros de temas administrativos y uno más de la policía científica.
Conviene reseñar que, como en tantas otras profesiones, colectivos y empresas, en el Cuerpo Superior de Policía, como no podría ser de otro modo, también se destila cierta rivalidad, y supuestamente sana competencia, entre grupos. En el caso de hoy, la anécdota surgió cuando una mosca se posó sobre una sardina y el colega de la científica, allí presente, afirmó impertérrito, ninguneando a los perros policía, que las moscas le habían ayudado a encontrar muchos cadáveres. No tardó el policía que estaba a su lado, defensor del extrordinario trabajo de los canes, en preguntarle irónicamente que si los de la científica llevaban una mosca en una cajita y la soltaban como si de un perro se tratara, para que buscase el cadáver en cuestión. Al final, cuatro risas y el único cadáver fue el de la mosca con el palmotazo que recibió del policía más próximo a la sardina, probablemente el antidisturbios, por haberse metido en donde no le llamaban.
También relacionado con el mundo animal, y como nos toca de cerca por vecindad al grupo de la reunión, la ineptitud y falta de entendimiento entre administraciones propició la okupación de una finca urbana en el centro de Santa Cruz, no por personas, sino por parte de una familia heterosexual de jabalíes, en donde se encuentran desde hace días cómodamente instalados. Los bichos, como muestra de integración en sociedad, decidieron anoche presentarse en la verbena que se estaba celebrando a pocos metros de su domicilio, provocando el estupor de los vecinos y la orquesta, que se vio obligada a interrumpir el concierto ante la posibilidad de que se merendasen al del saxofón o a la propia cantante. Desconozco si los animales acudieron porque el bullicio les impedía conciliar el sueño o, simplemente, porque les gustaba la música y decidieron marcarse un baile antes de paparse medio jardín adyacente para cenar esa noche, como así ocurrió en realidad y registraron oportunamente diferentes vídeos que circulan por las redes.
De continuar esta inacción por parte de las autoridades, en cualquier momento los veremos presentarse a unas elecciones con el partido Xabarín Club y, salvando la distopía, prefiero que me gobierne un jabalí que alguno de nuestros actuales próceres. Saldríamos ganando, en nobleza sin duda.






Hay una familia que se pasea tranquilamente por el parque para acercarse al cajero y sacar unos dinerillos para tomarse alegremente una copichuela en una terraza
ResponderEliminaren principio van a lo suyo, sin meterse con nadie.
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