Fauna de las casetas del pulpo

 


 
No es hoy mi intención hacer un recorrido histórico por las casetas del pulpo de San Froilán, inicialmente ubicadas en La Mosquera, posteriormente en el Campo de la Feria y actualmente y desde hace ya muchos años, en las cuestas del parque.




Tampoco me extenderé en la eterna polarización de la población lucense acerca de concurrir o no a la cita anual, motivada en gran parte por el elevado precio de las facturas. En ese punto, quiero romper una lanza en favor de "las casetas", ya que todo es relativo. Hay restaurantes que te sirven un agua chirla con dos tristes mejillones nadando enmedio, dos hojitas verdes y un trozo de tostada al lado, y como te dicen que es "un suquet de bivalvos con crujiente de centeno y verduritas de temporada", unido a tres gorrinadas más, te zapatean de cien euros para arriba y aquí paz y después gloria.




Bien cierto es que también, a contrario sensu, se come a reventar por menos de veinte euros en multitud de sitios, muy especialmente en Lugo y provincia, haciendo bueno el lema de "...y para comer, Lugo". De todos modos y para cerrar este tema, al precio que va el aceite para el próximo año, o vuelven a subir el precio de la ración, o aliñan el pulpo con agua del grifo en vez de aceite. Sino, al tiempo; aunque siempre quedará la solución intermedia de añadir el aceite con un cuentagotas, como los de la antigua mercromina, que ya se está empezando a ver en algún restaurante.








Obviando los anteriores comentarios en torno a historia, costumbres, filias, fobias y precios y acompañado por mi propia experiencia, me han empujado a escribir estas líneas las fotografías que diariamente publica el diario "El Progreso", a cuyo contenido me voy a referir, inmortalizando a la mayoría de los comensales que se prestan a posar y cuya observación me conduce a hacer un "catálogo" o etiquetar, como se dice ahora en redes sociales, a los diferentes grupos que allí se dan cita, cada uno con sus respectivas y notorias peculiaridades.



 
Comenzaré por las fotografías de grupos de amigos, que suelen ser lo más alegre que nos podemos encontrar. Vale para grupos de amigas solateras -qué no solteras, que no se puede leer tan rápido- grupos de amigos varones y grupos de ambos sexos, o con diferentes orientaciones de género entremezclados y en principio, amigos también. Estos grupos se caracterizan por la alegría desbordante y no es difícil concluir que la fiesta se prolongará más allá de las casetas, sabe Dios y ellos cómo y dónde y con quién.





Otro clásico de los reportajes lo constituyen los grupos de parejas, habitualmente formado por dos o tres parejas convencionales y feliz, o infelizmente, casados o arrimados. Estos se distinguen por su formalidad, sin estridencias. Comen y beben moderadamente, comentan lo elevado de la factura, posan serios, se levantan y se van.

Atendiendo al vestuario nos encontramos con el grupo textil, en el que cabe distinguir entre los que visten como si fueran a la compra del super, y aquellos que van niquelados como si fueran a una boda. En el caso femenino, suelen ir más preparadas; en el masculino, parece que la etiqueta está reservada únicamente para bancarios, empresarios, políticos y faunas de similar jaez. Recomiendo a este último grupo pasar por casa a cambiarse antes de entregarse al pulpo. No es infrecuente salir adornado con un lamparón de aceite, propio o ajeno, a modo de insignia o broche, y no es lo mismo que te caiga sobre un traje de Hermenegildo Zegna de cuatrocientos pavos, que sobre un jersey de las rebajas del outlet que te salió por cuarenta.

Fiel a la cita anual es el grupo de finalidad, en donde aparecen muchos de los citados en el anterior comentario por su atuendo. No pueden faltar las familias políticas -sin mezclas de siglas, faltaría más- en donde lo importante no es el pulpo ni lo que le rodea, sino el hacerse la foto y las consiguientes comidillas políticas y asistencia obligada de quienes quieran. deban, o puedan, salir en la foto (y nunca mejor dicho, para los interesados, lo de "salir en la foto"), y si la factura es a cargo del partido o fondos públicos, cuestión que me imagino, pero desconozco, miel sobre hojuelas.

Uno de los grupos más numerosos viene a ser el grupo de peñas y asociaciones, este es muy variado y en general, muy divertido. Aquí el personal es de lo más variopinto:  asociación de amas de casa, de viudas, de casadas, de huérfanos, de submarinistas, de caballeros legionarios y de todo lo que se tercie, menos del clero, que a esos no los he visto nunca hincarle el diente al cefalópodo. Tengo que informarme de porqué no van, siendo tradicionalmente gente muy papadora, sino, que se lo pregunten a los parroquianos del rural del país.




No es asunto baladí pasar por alto al grupo de foráneos, aun siendo el menos interesante para quienes diariamente escrutan foto a foto por curiosear para ver quienes se han retratado el día anterior. En principio, no creo que le importe a nadie ver a una pareja de Burgos, tres amigos de Vigo o un señor de Tordesillas; pero, ahí quedan y felizmente sirven de prueba de la universalidad de nuestras casetas del pulpo que trasciende del ámbito local.

Me he dejado para el final la figura del "paganini", sin grupo ni nada. En todo caso, macho alfa de un grupo familiar. Este hombre que ya no volverá a cumplir los setenta, ni tener el pelo negro, siempre rodeado de ocho o diez familiares entre hijos, yernos, nueras y nietos, que sale en las fotos con cara entre cabreado y resignado. Este hombre que, lejos de disfrutar del momento, en lo único que está pensando es en que va a tener que aflojar, en breves instantes, entre 500 o 600 euros. Las fotografías captan el instante en el que está como ajeno a la alegría colectiva, intentando, sin éxito, calcular el número de raciones de pulpo que se han consumido, en un vano esfuerzo de imaginarse el importe de la puñalada que le van a endiñar. Este héroe a quién  habrá que intentar mantener, incluso subvencionar, ya que, gracias a él, cientos, o miles de jóvenes han llegado a conocer la gracia y tipismo de las casetas del pulpo a las que, de otro modo, tendrían más difícil acceso.




Por último, si alguien tiene alguna duda o se encuentra en desacuerdo con estas apreciaciones, le remito a las fotografías que diariamente publica El Progreso durante el mes de esta celebración, en las que puede constatar e identificar con meridiana claridad, mis ocurrencias y, además, he de añadir que a lo largo de los años que ya acumulo, he participado como integrante de todos los grupos reseñados, con pandillas, con parejas, con familia, con traje, sin él, con lamparones y sin ellos, a excepción del último, "el paganini", al que no tengo prisa alguna por sumarme, no tanto por razones afectivas como por onerosas.

Comentarios

  1. Un artículo cojonudo, tal cual es el padre de la criatura, al que deseo fervientemente que a un plazo conveniente, a los deseos del interesado, alcance la condición de "el paganini".

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