Varón Dandy

 



En principio, los mortales que todavía vemos la televisión, digamos de forma convencional, pasamos buena parte del año, afortunadamente, sin que nos bombardeen continuamente con anuncios de colonias y perfumes.

No obstante, en señaladas y repetidas épocas, digamos San Valentín o las mismas Navidades, que me invitan a reflexionar sobre estas tonterías que escribo hoy, en cualquier momento que mires para tu televisor vas a ver una especie de Arcadia feliz, modo "cool", con individuas de aspecto mitológico por sus vestuarios y puesta en escena, sugiriendo sensaciones que te van a sobrevenir si te chirriscas con el producto de perfumería que vende el que paga dichos anuncios.





También podría producir los efectos deseados el hecho de regalarlos a la persona adecuada, si has estado fino en la elección; que no seré yo quién cuestione la calidad y efectividad de los efluvios presentados entre tanto fasto.

En cualquier caso, empezaré por el final, valga el juego de palabras, y me voy a la última parte del anuncio -cualquiera de ellos- en los que pronuncian el nombre de la marca en cuestión. Yo creo que cogen a la primera persona que pasa por el estudio de grabación, le meten un polvorón en la boca y le indican que diga "Carolina Herrera" o "Giorgio Armani". Yo hice la prueba y me sale calcado. De este modo, a cambio de un humilde polvorón y alguien voluntarioso, les sale gratis el doblaje que no se sabe muy bien si obedece a un idioma extranjero o a un "funga" nacional, aunque al final suene con fuerte diferencia fonética con el castellano, que es de lo que se trata para impresionar más al personal.




Con el asunto de los nombres y su extrapolación a los recién nacidos, no me voy a meter. Creo que en el Registro Civil ya hay más "Cloes" que "Marías", pero eso ya va para gustos, aunque no sé muy bien cuando cae Santa Cloe, a efectos de regalar - tal vez la propia colonia- y celebrar la onomástica de la criatura así bautizada, si es que se llega a bautizar, bien porque lo deseen los padres o a contrario sensu porque lo impida el párroco de turno, en ocasiones remiso a admitir ese tipo de nombres inusuales en el santoral tradicional.




Del resto del anuncio, cabe destacar el paso militar de las siete o diez señoritas que se vienen acercando, aparentemente cabreadas, con ademán más propio de que vienen a pegarte unas leches que a otra cosa. Siempre me he preguntado porqué la mayoría de las modelos y algunos funcionarios, tienen cara de estreñidos. Ese andar a saltos, como los elegantes caballos lipizzanos, o cruzando los pies uno delante del otro, qué no entiendo muy bien lo práctico que pueda resultar andar así, a riesgo de tropezar y dejarse los dientes clavados en el asfalto; bueno, pues eso, que no veo yo a mis amigas feministas caminando así entre la gente o desfilando en sus reivindicativas manifestaciones. Lo que desconozco es si compran esos productos que se anuncian con tanto glamour. Les preguntaré, ya que los comportamientos sociológicos me interesan sobremanera.



Continuando con las utopías que nos venden, me sorprende ver esbeltos y musculados marineros haciendo que trabajan en la sala de máquinas de un barco. Habitualmente estos seres, los reales, suelen ir pringados de aceites -usados, de los de verdad- hasta las cejas y sin gorritos ni pantalones blancos-blanquísimos, con la aceitera y las herramientas en la mano, engrasando y ajustando todo cuanto hay que atender en una sala de máquinas, sin tanta tontería, esperando que llegue la hora de cambio de turno para echarse unas horitas a descansar.




De todos modos, me parece estupenda la ilusión que crean, aunque no piensen algunas que por comprar esos mejunjes, se les van a alargar las piernas como a las modelos que las lucen en los anuncios, ni tampoco el marinerito que anda dando chimpos por el barco es el mismo que va al bacalao a Terranova encerrado en la sala de máquinas y al que, posiblemente puedan llegar a conocer mucho antes que al del anuncio.

Por mi parte, para finalizar, aunque hay anuncios dedicados al público masculino, yo soy inmune a ellos. Por muchos litros de colonia que me ponga de la que anuncia el tipo ese que viene con un trofeo al hombro, que no se sabe si es que ha ganado la Copa del Rey o ha bajado directamente del Olimpo, regalando miradas libidinosas y luciendo abdominales que parecen de madera de boj, no me va a desaparecer la barriga ni el carro de años que tengo encima, por lo que voy a confesar que soy adicto al "Varón Dandy" desde hace más de cincuenta años y espero, eso sí, que mi marca me envíe una felicitación o algún reconocimiento de fidelidad, ya que clientes de estos quedamos muy pocos y cada vez menos, si bien tengo pocas expectativas dado que es catalana y los catalanes, ya se sabe, son algo romos a la hora de soltar "la pela".




A lo mejor, a cambio, me contratan para un spot "low cost". El perfil, nunca mejor dicho, lo doy y les saldría barato y, sobre todo, creíble.

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